Vivo en una casa malva

Artículo sobre el álbum Vivo en una casa malva de Iris Díaz Trancho y Feliciano García Zecchin en la revista digital de marzo del IAAP (Instituto Asturiano de la Administración Pública Adolfo Posada) Páginas 24 a 29.




Vivo en una casa malva

Casa Malva existe, no es una metáfora. Se encuentra en la ciudad de Gijón y es una institución pública que atiende a mujeres que escapan de la violencia. Pero la Casa Malva es también un hogar, un lugar desde el que estas mujeres y sus hijas e hijos pueden encontrar el sosiego necesario para mirar hacia adelante.

Desgraciadamente la erradicación de la violencia contra las mujeres no se consigue a golpe de leyes, sería demasiado fácil. Necesitamos que cambien mentalidades, que deje de percibirse a la mujer como una propiedad, y eso requiere –entre otras muchas cosas- medidas educativas por parte de los poderes públicos. Pero no nos engañemos, también necesitamos que las personas, ciudadanas y ciudadanos, nos sintamos concernidas y actuemos.

Con este panorama y conscientes de que como editoras no queríamos mirar hacia otro lado, quienes integramos Pintar-Pintar comenzamos a buscar un texto que pudiera acercar esta realidad a quienes dedicamos nuestros libros en primer lugar: niñas y niños.

Nos interesaba mostrar especialmente la perspectiva de las “víctimas colaterales”, las hijas e hijos de estas mujeres, que viven también bajo el imperio del miedo y que tienen que crecer y construirse con las pocas herramientas que les concede su corta edad, preguntándose si aquello que ven es “lo normal”. O sin ni siquiera capacidad para preguntárselo.

Después de un tiempo, el texto buscado apareció de la mano de la escritora asturiana Iris Díaz Trancho. Una historia con las palabras justas, que cuentan y a la vez callan. Y apareció en asturiano, con el título “Vivo nuna casa malva”, que utiliza como motor de la historia a la Casa Malva de Gijón.

Pero en los álbumes ilustrados las imágenes tb cuentan. Encontrar alguien capaz de seguir el texto de Iris y enriquecerlo con la visión o visiones gráficas que un ilustrador o una ilustradora puedan aportar, nos llevó su tiempo… hasta que en Barcelona, casi al irnos de la Feria del Libro, conocimos a Feliciano. Nada más mostrarnos su book, supimos él podía encajar a la perfección esta historia. Con él hemos dado un paso más en lo que respecta a la gráfica de los álbumes de Pintar-Pintar ya que este álbum aúna una ilustración infantil “tradicional” con ilustraciones a página completa (acuarelas) pero también pequeñas viñetas que como en los cómics, género bien conocido por Feliciano, construyen un lenguaje gráfico secuenciado, un ritmo, una línea temporal que nos va adentrando en el mundo interior del protagonista (protagonista al que hemos querido dar, por cierto, un género indefinido). Llevar las ideas al papel es difícil, encontrar alguien que pueda materializar un proyecto es muy difícil… no es el caso, Feliciano ha logrado sin duda, adentrarse en la compleja historia de Iris y aportar su propio lenguaje o lenguajes al álbum.

Esperamos que este libro, ahora editado en castellano con el título “Vivo en una casa malva”, sirva para confortar a quienes intentan dejar atrás la pesadilla, a quienes todavía viven con el frió del miedo agarrado a sus cuerpos. Y sirva, sobre todo, para ayudar a explicar a los más pequeños aquello que nosotras todavía no acabamos de entender.

Ester Sánchez y Ángela Sánchez

Pintar-Pintar Editorial

La perspectiva de la escritora

La casa en la cultura asturiana, y muy especialmente en el medio rural, es un elemento fundamental para la formación de la identidad colectiva e individual. En lo colectivo por lo que supone la casa, o casería y todo lo que la compone, como recurso para la supervivencia del grupo familiar. En lo individual por el componente emocional que trae aparejado un lugar que es refugio, alimento y primer espacio para la experiencia social y afectiva.

Por todo ello no es casualidad que los nombres de las casas designen a todos los miembros de la familia que en ella vivieron o viven. Nombres, por cierto, que a menudo tienen que ver con el de la cabeza de familia, bien sea madre o abuela. Soy de “Casa Tere” o voy a casa “mio güela Elisa”, no son solo frases hechas, sino que representan de manera muy viva nuestra manera de ver el mundo y las relaciones familiares.

La casa como elemento vital adquiere pues una importancia de la que no puede estar ajena la literatura. La narrativa y poesía en asturiano ha abordado de manera recurrente este tema, bien sea como espacio de la narración o bien como objeto de la misma, siendo precisamente las poetas y narradoras asturianas las que más se han apoyado en sus paredes, desde mi punto de vista, de un modo poco casual.

Ese primer espacio por tanto que representa la casa, ese lugar que es refugio y alimento, cobra una doble importancia para sus habitantes más pequeños. Cuando los niños y niñas aprenden a usar los lápices y los colores, representan primero a las personas y después a las casas. Sus esquemáticos dibujos de tejado a dos aguas y chimenea en diagonal nos cuentan la importancia que adquiere esa construcción que, independientemente de que sea alquilada o en propiedad, su número de metros cuadrados o el dinero que haya costado, es SU casa.

Por todo ello cuando me plantee hacer una historia que girara en torno a la Casa Malva me pareció interesante retratar ese otro aspecto, sin duda menos dramático, que conlleva el abandono forzoso del hogar por parte de las mujeres y sus hijos. El desarraigo y la pérdida que ha de suponer encontrarse sin ese refugio que de pronto, o no tan rápidamente, se ha vuelto una amenaza.

La descripción entonces toma prestado el dibujo infantil para darle voz. Una casa tiene ventanas, tiene techo, tiene una cama. Una casa que, como en el poema de Berta Piñán, se levanta como un árbol para dar cobijo y consuelo en lo individual y, por extensión, también en lo colectivo.

Iris Díaz Trancho

La perspectiva del ilustrador

Ilustrando este cuento he aprendido bastante. Mi primera impresión al leer el texto fue de vacío, que me faltaban cosas. Al releerlo y observar las fotos de la Casa Malva, poco a poco fui encontrando todo lo que me hacía falta. Muchas de estas cosas habían sido escondidas en el texto por Iris como perlas poéticas detrás del lenguaje simple y descriptivo; otras se ocultaban en las formas del edificio con sus colores alegres y protectores; y otras tantas surgían de mi imaginario al contemplar el rompecabezas, estas últimas tenían que ver con la mirada del protagonista, con el pasado que casi ni se nombra pero que en la historia lo tiñe todo.

Feliciano García Zecchi

 

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